Bogotá y el reto del agua subterránea
Bogotá y el reto del agua subterránea: cómo la industria puede reducir su dependencia hídrica
Bogotá enfrenta un reto doble: garantizar agua para una ciudad de casi 8 millones de habitantes mientras sus industrias aprenden a operar con menos dependencia del agua potable y mayor protagonismo del agua subterránea y reutilizada.
Bogotá: de los embalses al agua que no se ve
Durante 2024 Bogotá vivió una de las peores sequías de su historia reciente, con embalses como Tominé y Chuza en mínimos históricos y esquemas de racionamiento que pusieron el tema del agua en el centro del debate público. La discusión se ha concentrado en la infraestructura “visible” —embalses, redes, plantas de tratamiento—, pero bajo la sabana existe otro actor clave: los acuíferos del valle de Bogotá, una reserva estratégica de agua subterránea que no puede convertirse en la próxima fuente sobreexplotada.
Estudios técnicos sobre el desarrollo sostenible del agua subterránea en la sabana advierten que estos acuíferos son un respaldo importante para la seguridad hídrica, pero solo si se gestionan en equilibrio con el agua superficial y no como un cheque en blanco para extraer sin límite. En paralelo, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) y entidades como el Banco Mundial y el BID vienen impulsando proyectos para modernizar redes y ampliar el tratamiento de aguas residuales, con inversiones que superan los 100 millones de dólares y buscan reforzar la resiliencia urbana frente a sequías y lluvias extremas.
La industria ante el reto hídrico
Para la industria bogotana, el mensaje es claro: seguir operando como si el agua potable fuera infinita y barata es una apuesta cada vez más riesgosa. Las empresas se enfrentan a tres presiones simultáneas: más competencia por el recurso con la población urbana, mayor escrutinio regulatorio y social, y costos crecientes asociados a tarifas, sanciones o paradas de planta por restricciones de suministro.
En este contexto, el agua subterránea no es una licencia para regresar al modelo extractivo, sino una razón adicional para acelerar la transición hacia esquemas de uso eficiente, reutilización y gestión circular dentro de las operaciones. El desafío ya no es solo cumplir la norma, sino rediseñar procesos para reducir la extracción de “agua nueva”, aprovechar mejor cada litro y proteger las fuentes que abastecen a la ciudad, tanto superficiales como subterráneas.
Reutilizar el agua: de residuo a recurso estratégico
Una de las palancas más poderosas para que la industria reduzca su huella hídrica es la reutilización de aguas tratadas en procesos no potables, como torres de enfriamiento, limpieza de equipos, riego de áreas verdes o ciertos procesos de producción. Iniciativas recientes del Banco Mundial insisten en que las aguas residuales pueden convertirse en una fuente confiable y resiliente para la industria y la agricultura, siempre que la calidad se adapte al uso y se cumplan estándares ambientales y de salud.
El giro conceptual es profundo: las plantas de tratamiento dejan de verse solo como infraestructuras para “deshacerse” de un pasivo y se convierten en verdaderas instalaciones de recuperación de recursos, capaces de suministrar agua reutilizada, energía (por ejemplo, biogás) y nutrientes. Para la empresa, esto se traduce en menores tomas de agua potable, reducción de vertimientos y, en muchos casos, ahorros económicos directos cuando el costo del agua reutilizada se vuelve más competitivo frente a la tarifa tradicional.
En Bogotá, estos enfoques empiezan a encajar con una agenda de ciudad que combina expansión de redes, nuevas plantas de tratamiento como Canoas y estrategias de economía circular en agua y energía. El reto para la industria es anticiparse, no esperar a que la regulación la obligue, y utilizar estos proyectos como plataforma para rediseñar sus propios ciclos internos de agua.
Monitorear, medir y optimizar: el primer paso inteligente
Ningún modelo de gestión hídrica avanzada funciona sin datos finos sobre consumo, pérdidas, recirculación y calidad del agua dentro de la planta. El punto de partida es conocer con precisión dónde, cuándo y para qué se utiliza el recurso, algo que muchas compañías todavía subestiman porque solo miran la factura mensual o el volumen de captación.
Experiencias recogidas por firmas de consultoría en sostenibilidad muestran que más del 80 % de las empresas que realizan evaluaciones de riesgos asociados al agua terminan implementando medidas concretas de eficiencia, lo que confirma que medir activa decisiones. Herramientas como cuestionarios de riesgo hídrico, mapas interactivos por cuenca y plataformas de análisis desarrolladas por organizaciones como WWF y el WBCSD ayudan a las compañías a identificar “zonas rojas” y priorizar inversiones en eficiencia o tratamiento.
En la operación diaria, los sistemas de monitoreo en línea (caudalímetros, sensores de calidad, plataformas analíticas) permiten ajustar parámetros casi en tiempo real, detectar fugas, optimizar ciclos de recirculación y sostener ahorros en el tiempo en lugar de lograr solo “golpes de eficiencia” puntuales. Convertir esos datos en indicadores de gestión vinculados a metas internas y a reportes de sostenibilidad es lo que consolida el agua como un activo operativo y no solo como un gasto más.
De la eficiencia a la competitividad
Detrás de la narrativa ambiental hay un tema de competitividad pura y dura: en un entorno de mayores costos energéticos, presiones climáticas y exigencias de mercado, las empresas que consumen menos agua por unidad producida tienen más margen para competir y atraer inversión. Organismos multilaterales y fondos climáticos ya privilegian proyectos que integran uso eficiente del agua y modelos de producción baja en carbono, incluyendo iniciativas en Colombia que buscan transformar la gestión de recursos naturales con apoyo del Fondo Verde del Clima.
En Bogotá, la modernización del sistema de acueducto, los proyectos de tratamiento de aguas residuales y los acuerdos de cooperación internacional en materia de agua abren una ventana para que la industria se alinee con una visión de ciudad más resiliente. Compañías tecnológicas y de servicios especializados en agua, como Ecolab, han encontrado en este escenario un espacio para acompañar a las empresas en el diagnóstico de consumos, el diseño de soluciones de reutilización y la implementación de monitoreo continuo, con impacto simultáneo en costos y reputación.
El desafío del agua subterránea en Bogotá, lejos de ser un problema ajeno a la industria, es la señal de que la gestión hídrica tiene que dejar de ser un asunto periférico para convertirse en una decisión estratégica de negocio. Quienes logren ver el agua como un recurso limitado, valioso y gestionable con inteligencia —en todas sus formas: superficial, subterránea y reutilizada— estarán mejor posicionados en la Bogotá que viene, una ciudad donde cada metro cúbico contará más que nunca.
Bibliografía
- Documento de prensa de Ecolab.
- Lecciones de la gestión de sequías en Bogotá - Banco Mundial
- BID Invest financia modernización de sistemas de agua en Bogotá
- Estudio sobre desarrollo sostenible del agua subterránea en la Sabana de Bogotá
- Escalando la reutilización del agua - Banco Mundial
- De residuo a recurso: aguas residuales - Banco Mundial
- Herramientas de riesgo hídrico para empresas - WWF
- Gestión del agua urbana en Bogotá - Wikipedia


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