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El chip de Nvidia que quedó atrapado entre dos potencias

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La venta del chip H200 de Nvidia a China se aprobó, pero todo se detuvo después 

Antes del freno en aduanas, Estados Unidos y China llevaban años tensando el acceso a chips de inteligencia artificial clave.









Por Félix Riaño @LocutorCo

La historia empieza con una aparente luz verde. El gobierno de Estados Unidos dijo que Nvidia podía volver a vender su chip H200 a China. Parecía un alivio para el mercado y para la propia Nvidia. El H200 es uno de sus procesadores de inteligencia artificial más potentes, usado en centros de datos y en el entrenamiento de modelos de IA. China es uno de los grandes compradores del mundo, así que la noticia movió expectativas, pedidos y producción.
Pero pocos días después, algo cambió. Los chips no entraron a China. No hubo anuncios públicos ni ruedas de prensa. Hubo silencios, llamadas internas y órdenes verbales en las aduanas. La pregunta es sencilla y a la vez enorme: ¿cómo pasamos de una aprobación oficial a un bloqueo total en cuestión de días?


Cuando todo parecía listo, las aduanas chinas dijeron “alto” sin explicaciones claras


Vamos por partes y en orden. La semana pasada, la administración de Donald Trump aprobó formalmente que Nvidia reanudara las ventas del chip H200 a China. Esta aprobación llegó con condiciones muy concretas.
Primero, cada chip debía pasar por pruebas de terceros para verificar sus especificaciones técnicas. Segundo, China solo podía recibir hasta la mitad de los H200 que Nvidia vendiera a clientes de Estados Unidos. Tercero, Nvidia debía garantizar que había suficientes chips para el mercado estadounidense antes de exportar uno solo.
Además, Washington impuso una tasa del veinticinco por ciento que debía pagarse al gobierno de Estados Unidos por cada chip vendido. Todo esto se presentó como un marco de control estricto. Aun así, para Nvidia era una oportunidad. Las empresas chinas ya habían mostrado interés. Algunas estimaciones hablaban de más de un millón de pedidos previstos.


Aquí es donde la historia se complica. Aunque Estados Unidos dio su aprobación, en China ocurrió otra cosa. Según reportes publicados por Reuters y el Financial Times, las autoridades aduaneras chinas empezaron a bloquear la entrada de los chips H200.
En ciudades como Shenzhen, las empresas de logística recibieron instrucciones claras: no podían tramitar el despacho aduanero de esos chips. Al mismo tiempo, funcionarios del gobierno llamaron a empresas tecnológicas locales y les advirtieron que evitaran comprar el H200, salvo que fuera realmente necesario.
No se explicó si era una prohibición formal o una medida temporal. Esa falta de claridad encendió todas las alarmas. Los proveedores de Nvidia, que ya estaban produciendo piezas específicas para el H200, frenaron sus fábricas para evitar pérdidas. Muchas de esas piezas no sirven para otros chips. El riesgo de quedarse con inventarios inútiles era real.


Con el bloqueo en marcha, Nvidia quedó en una posición incómoda. La empresa esperaba empezar envíos en marzo y algunos lotes ya habían llegado a Hong Kong. El freno chino tomó a muchos por sorpresa.
Dentro de China, el debate es intenso. Varias agencias del gobierno tienen opiniones distintas. Algunas quieren acceso a chips avanzados para investigación y desarrollo. Otras empujan con fuerza el uso de procesadores nacionales para lograr autosuficiencia tecnológica. Esa tensión interna se refleja en decisiones confusas y cambiantes.
Mientras tanto, varias empresas chinas cancelaron pedidos del H200. Algunas están buscando alternativas en el mercado gris, incluso chips más avanzados de Nvidia que Estados Unidos prohíbe exportar. Otras están migrando a soluciones locales, aunque rindan menos.
Para Nvidia, el mensaje es claro: aunque una venta esté aprobada sobre el papel, la realidad política puede cambiar el tablero en cualquier momento.


Este episodio no es un caso aislado. El H200 se ha convertido en un símbolo de la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China. Para Washington, permitir su venta con controles busca mantener influencia y recaudar ingresos. Para Pekín, limitar su entrada puede acelerar el desarrollo de chips propios.
Empresas chinas como Huawei y otros fabricantes locales están aumentando producción de procesadores de inteligencia artificial. El objetivo es depender menos de tecnología extranjera, aunque el camino sea más lento y costoso.
En los mercados, la reacción fue inmediata. Las acciones de Nvidia bajaron levemente tras conocerse el bloqueo. Inversores y analistas miran ahora dos fechas clave: la reapertura de los mercados tras el festivo en Estados Unidos y los resultados financieros de Nvidia a finales de febrero.
Todo esto ocurre mientras la cadena global de semiconductores sigue bajo presión. Cada decisión política tiene efectos en fábricas, empleo, precios y desarrollo tecnológico en todo el mundo.

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Bibliografía


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January 19, 2026 at 01:00AM

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