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Claude Code: cuando la programación se vuelve conversación

Claude Code: cuando la programación se vuelve conversación

En cuestión de semanas, Claude Code pasó de ser “otro asistente de programación” a convertirse en protagonista de una conversación mucho más amplia: qué va a significar programar —y trabajar— en un mundo donde el código lo escribe una IA casi tan rápido como uno puede explicarle lo que quiere.

La escena: un producto que se programa a sí mismo

La historia que desató el furor tiene algo de ciencia ficción cotidiana: el nuevo agente de Anthropic, llamado Cowork, fue desarrollado en apenas una semana y media usando mayoritariamente Claude Code, el propio asistente de programación de la compañía. No fue un simple experimento de laboratorio, sino un producto real que hoy está en vista previa, pensado para que cualquier persona le dé acceso a una carpeta de archivos y le pida que organice, genere documentos, limpie descargas o prepare borradores a partir de notas sueltas.

El equipo técnico de Anthropic ha contado que, durante ese sprint de diez días, los humanos se concentraron en tomar decisiones de producto y arquitectura, mientras que mantenían varias instancias de Claude en paralelo escribiendo funciones, corrigiendo errores y probando soluciones. En otras palabras: más tiempo conversando sobre qué construir y menos tiempo tipeando cada línea de código.


El concepto de “vibe coding”: programar por intención

De ese proceso salió el término que mejor captura lo que está pasando: “vibe coding”. La idea es sencilla de describir y poderosa en sus implicaciones: en lugar de escribir código desde cero, el usuario describe con lenguaje natural lo que quiere —la “vibra” del producto, los flujos, los casos de uso— y la IA se encarga de generar el código que lo hace realidad.

Ese cambio de paradigma se parece mucho al salto que vimos cuando pasamos de escribir consultas SQL a hacer preguntas en lenguaje natural sobre datos. Solo que ahora el salto ocurre en el corazón del desarrollo de software: diseño de interfaces, lógica de negocio, conexión con APIs, pruebas, refactorización. El caso Cowork funciona como demostración pública de que un asistente bien afinado ya no solo “ayuda a programar”, sino que puede liderar la mayor parte del ciclo de construcción de un producto digital.


Cuando la élite tecnológica empieza a mirarlo en serio

El fenómeno habría podido quedarse en la comunidad de desarrolladores, pero salió disparado a la agenda global en Davos, donde el CEO de Nvidia, Jensen Huang, describió a Claude como “increíble” y habló de un “gran salto” en capacidades de programación y razonamiento, al punto de recomendar que toda empresa de software lo incorpore. No es un comentario menor: Nvidia está en el centro de la infraestructura de IA y usa estos modelos de forma intensiva dentro de su propia operación.

En paralelo, testimonios de ingenieras e ingenieros de grandes compañías circularon en redes mostrando cómo Claude Code logró prototipos que les habían tomado meses de trabajo humano, solo que en cuestión de horas. Aunque esos prototipos no son inmediatamente “listos para producción”, el mensaje que llega al ecosistema es claro: el tiempo entre la idea y el prototipo funcional se está comprimiendo dramáticamente.


De nicho para programadores a herramienta de oficina

La respuesta de Anthropic al ver que muchas personas usaban Claude Code para tareas que ni siquiera eran de programación fue lanzar Cowork, un “hermano” orientado a usuarios no técnicos. En lugar de pedirle a la IA que implemente una API o refactorice una clase, la invitación es a decirle: “ordena esta carpeta”, “limpia estos duplicados”, “arma un informe con estas notas” o “convierte estas capturas de pantalla en una hoja de cálculo”.

Por ahora Cowork está en fase de investigación y disponible para un grupo acotado de personas usuarias en escritorio, pero la dirección estratégica es más grande: llevar las capacidades de un agente de código al escritorio de cualquiera que trabaje con archivos digitales, más allá del rol de “desarrollador”. El mismo truco que sirvió para programar un producto, se convierte entonces en una forma de automatizar la “oficina del día a día”.


La pregunta incómoda: ¿y los trabajos de programación?

La parte más inquietante de esta narrativa llegó también desde Davos, cuando el CEO de Anthropic, Dario Amodei, dijo públicamente que podríamos estar a tan solo seis a doce meses de que los modelos hagan “la mayoría, quizá todo” lo que hoy hacen los ingenieros de software de forma end to end. Amodei contó que tiene ingenieros dentro de la empresa que ya no escriben código directamente, sino que dejan que el modelo lo genere y se enfocan en revisarlo, ajustarlo y decidir qué construir.

Si esa predicción se cumple —aunque sea parcialmente—, la profesión de desarrollo de software va a cambiar más rápido de lo que la mayoría de planes de estudio, empresas y políticas públicas están contemplando. No se trata solo de que haya “una herramienta más” que aumenta la productividad, sino de que el núcleo de la actividad pase de escribir código a conversar con modelos, tomar decisiones de alto nivel, auditar resultados y asumir responsabilidades sobre sistemas que ya no se entienden línea por línea.


Qué significa esto para quienes enseñan, aprenden y trabajan en tecnología

Para docentes de programación, carreras de ingeniería y bootcamps, el caso de Claude Code y Cowork obliga a repensar objetivos de aprendizaje: ¿qué sentido tiene entrenar a estudiantes para tareas que el modelo puede automatizar casi por completo? Una posible respuesta es desplazar el foco hacia diseño de sistemas, ética, entendimiento de negocio, modelado de problemas y capacidad de dialogar con estas herramientas de forma crítica.

Para personas que ya trabajan como desarrolladoras, la historia no tiene por qué ser solo de amenaza: quienes aprendan a usar estos agentes como “equipo extendido” pueden multiplicar su impacto, liderar proyectos más grandes y ganar relevancia en decisiones de producto. La tensión está en cómo se distribuyen esos beneficios y en si las organizaciones los aprovecharán para reducir plantilla o para liberar tiempo y talento hacia problemas más complejos.


Una ola que apenas empieza

Claude Code se volvió viral no solo porque escriba buen código, sino porque encarna un cambio de época: la idea de que un producto comercial relevante puede nacer casi por completo de la colaboración entre humanos que conversan y modelos que implementan. Lo que hoy vemos en Cowork puede ser apenas el primer capítulo de una generación de herramientas que convierten tareas especialistas en flujos de trabajo guiados por lenguaje natural.

En ElSiglo21esHoy.com, esta historia importa no tanto por la marca o el hype de la semana, sino por lo que anticipa sobre nuestras profesiones, la educación tecnológica y la forma en que diseñamos organizaciones alrededor de la IA. La verdadera discusión que se abre no es si Claude Code “programa mejor que nosotros”, sino qué vamos a hacer con ese tiempo, esa velocidad y ese nuevo tipo de colaboración entre personas y máquinas.


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