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Francia quiere dejar Windows: el plan que sacude a Europa y genera dudas

El gobierno apuesta por Linux y software libre, pero mantiene contratos millonarios con Microsoft

 Por Félix Riaño @LocutorCo  

Francia está tomando una decisión que podría cambiar el rumbo tecnológico de Europa. El gobierno anunció que empezará a dejar atrás el sistema operativo Windows para adoptar Linux en su administración pública. La idea es sencilla de explicar: depender menos de empresas tecnológicas de Estados Unidos y tener mayor control sobre sus propios datos y sistemas.  

Pero cuando uno mira con más detalle, la situación es mucho más compleja de lo que parece.  

El Estado francés ya tiene herramientas propias funcionando. Una de ellas es LaSuite, una especie de “oficina digital” que incluye chat, videollamadas y edición de documentos. Hoy está disponible en varios ministerios y ya cuenta con cientos de miles de usuarios activos cada mes. También existe Tchap, una aplicación de mensajería segura que usan funcionarios y que incluso es obligatoria para ministros.  

A esto se suman plataformas como Onyxia, que permite hacer análisis de datos dentro de infraestructuras controladas por el propio Estado. Todo apunta a una estrategia clara: que la información pública no dependa de servicios extranjeros.  

Pero aquí aparece el gran problema.   Mientras el gobierno promueve el uso de software libre, el sistema educativo firmó un contrato con Microsoft por unos 152 millones de euros, que cubre cerca de un millón de computadores hasta el año 2029. Esto genera una contradicción evidente. Por un lado, se habla de independencia tecnológica. Por el otro, se refuerza el uso de herramientas tradicionales en sectores clave como la educación.  

Y ese detalle es más importante de lo que parece. Porque las herramientas que se usan en el colegio suelen marcar las que las personas usan en su vida profesional. En otras palabras, el cambio cultural se vuelve mucho más difícil.  

También hay retos técnicos. Muchos documentos oficiales están en formatos propios de Microsoft, y trasladarlos a alternativas abiertas no siempre funciona bien. Archivos con macros, formularios complejos o diseños avanzados pueden perder funcionalidad.  

Además, cambiar de sistema no es solo instalar otro programa. Implica formar a miles de personas que llevan años trabajando con las mismas herramientas. Y eso toma tiempo, dinero y paciencia.   Aun así, Francia decidió avanzar.   El gobierno ya pidió a todos los ministerios que presenten planes para reducir su dependencia tecnológica antes de que termine el año. T

ambién anunció una salida progresiva de Windows en favor de Linux, empezando por algunas áreas del Estado.   Este cambio no será inmediato. De hecho, el primer grupo afectado es pequeño. Pero la intención es escalarlo poco a poco hasta cubrir gran parte de la administración pública.  

Francia no está sola en este camino. Alemania ya decidió que el formato de documentos ODF será obligatorio en su administración. Dinamarca y algunas regiones alemanas también están migrando hacia software libre.   Todo esto responde a una preocupación creciente en Europa: qué tan seguro es depender de empresas extranjeras para manejar información sensible.  

Un caso reciente encendió las alarmas. Un juez de la Corte Penal Internacional perdió acceso a servicios digitales tras sanciones de Estados Unidos. Eso demostró que, incluso si los datos están en Europa, las decisiones pueden tomarse desde fuera.  

Además, leyes como el Cloud Act permiten a las autoridades estadounidenses solicitar datos a empresas de su país, aunque esos datos estén almacenados en servidores europeos.   Por eso, la apuesta por Linux y el software libre no es solo técnica. Es política.  

Pero tampoco es un camino fácil. En el pasado, ciudades como Múnich intentaron migrar a Linux y luego regresaron a Windows. Y aunque hoy la tecnología ha mejorado, los retos siguen ahí.  

En contraste, algunas ciudades más pequeñas en Francia avanzan más rápido. Lugares como Lyon o Grenoble ya usan sistemas completamente basados en software libre. Su tamaño les permite cambiar con menos obstáculos.  

Al final, lo que está pasando en Francia puede ser el inicio de algo más grande. Un movimiento europeo para recuperar el control de su tecnología.   La pregunta ahora es si ese cambio logrará avanzar al ritmo que el propio continente necesita.  

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April 14, 2026 at 01:00AM

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